Al día siguiente, en el pueblo, los jinetes del rancho organizaron una fiesta. Tiffany y Juan, juntos, se exhibieron al trote, no como amo y siervo, sino como hermanos por el alma. El dueño de los cazadores, arrepentido de su crueldad, entregó una carta a Tiffany: un perdón escrito a nombre de Juan. Ella lo quemó en la chimenea de Cielo Rojo , diciendo: "Él no necesita disculpas. Sólo libertad."
Al día siguiente, en el pueblo, los jinetes del rancho organizaron una fiesta. Tiffany y Juan, juntos, se exhibieron al trote, no como amo y siervo, sino como hermanos por el alma. El dueño de los cazadores, arrepentido de su crueldad, entregó una carta a Tiffany: un perdón escrito a nombre de Juan. Ella lo quemó en la chimenea de Cielo Rojo , diciendo: "Él no necesita disculpas. Sólo libertad."